Buf!! El viaje fue interminable. Desde las dos de la mañana que me levanté y Joaquín preparó el desayuno, no paré hasta las dos del medio día. Salí a las 6 de la mañana tal y como estaba previsto, en un avión supermoderno (todo táctil) con una tripulación de lo más fashion (claro, eran italianos…) Había una azafata que tenía los labios peor que Carmen de Mairena. Pobrecita mía, ¿cómo podía hablar con eso? Claro, todos los españoles que íbamos en el vuelo nos percatamos nada más subir, con lo que el murmullo era generalizado.
Como la compañía era italiana y no era Iberia nos dieron a tomar algo: succo di orange, pepsi, té or wáter con dulce o salado (cuatro galletitas y un puñaico de cacahuetes). Estuvo bien tomarse una pepsi a las 7 de la mañana para intentar mantenerse algo despierta.
Al llegar a Italia fue corre que te corre, pues solo tenía 45 minutos para buscar la puerta y embarcar. Aún así, aunque una lleve gafas, tiene un ojo clínico que no puede con él. Mamma mía que tiendas en el Aeroporto di Roma. Es que se notaba que estaba en Italia… que divina de la muerte la gente a las 8 y media de la mañana!!! ¿Cómo lo harán? Pero los hombres más que las madonas, incredible.
Ahora bien, cuando ya cambié de avión y me monté en el que me traía a Thessaloniki la cosa cambió, aparte de que iba medio vacío, la gente era más mayor, no tan recargada y ya empecé a no entender ná de lo que decían. Porque muy a mi pesar, sólo hablo español y el italiano medio se comprende, pero el griego es que no hay por donde cogerlo!!!
Menos mal que las maletas no tardaron en llegar y que en el Aeropuerto de Thessaloniki estaba Ana (mi profe aquí), su marido (Mikis) y su niño (Leónidas, de dos meses y medio) esperándome. Me trajeron al hotel y me llevaron a comer. Fuimos a un sito que se llama “ciel” que está en los bajos de un super hotel aquí. Comimos típica comida griega (que por otro lado es lo que hay en todos sitios), a saber: una ensalada con diferentes tipos de lechuga aliñada con frambuesa y unas especias típicas de aquí; humus, un paté hecho con una verdura que solo se come aquí (parecido al guisante); un arroz con setas y un salmón con cebolletas de esas ricas. Era un sitio con comida muy buena, tradicional, pero con un toque moderno que me encantó. A los que vengáis ya os llevaré. Aquí en Grecia es costumbre pedir varios platos y compartir todos. Ah! También nos pusieron nada más llegar un cóctel de sandía hierbabuena y otra especia rara. Um! Qué bueno estaba todo, y con hambre más.
Después dormí la siesta como 4 horas y cuando me levanté a las 20h. para salir a la calle… era de noche!!!! Pero había un ambiente y una vida en las calles que me quedé con “las patas colgando”. Hay un montón de cafeterías y bares que están llenísimos a todas horas de gente tomando básicamente café en diferentes modalidades.



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