Querida familia y amigos,
Aquí estoy de nuevo con más aventuras que contar… aunque la de hoy va con un poco de retraso (como Renfe…). El jueves día 16 fui a ver el partido entre el Aris de Salónica y el Atlético de Madrid. Me habían comentado que aquí en Grecia gusta mucho el fútbol, pero yo no imaginé que fuesen tan forofos!! En Tesálonica hay dos equipos importantes: Aris y Paok, cuya rivalidad se puede comparar a la existente entre Real Madrid-Atleti.
Para empezar, nos montamos en el autobús aproximadamente dos horas antes (a Isma le habían dicho que los porteros eran sobornables, es decir, que sin entrada y pagándoles un módico precio te cuelan…. por lo que había que llegar con tiempo), pues ahí tuvimos la primera sorpresa: el bus nos dejó un par (o tres) de paradas antes porque las calles estaban cortadas y no se podía acceder al estadio si no era andando. Cuando llegamos (¡válgame la que había allí montada!) vimos una marea de gente vestida como si fuesen avispas (de amarillo y negro, -los colores del equipo-) y un montón de puestos de comida ambulante: pipas, cacahuetes, bocadillos, pastelitos, etc. (hasta aquí lo normal) y he aquí lo curioso: una especie de barbacoas ambulantes con su fuego y su carne para todo el que quisiera…No veas cómo se lo monta la gente pensé yo. Bueno, aunque nosotros tampoco lo hicimos mal: Isma se preparó dos bocatas, uno de chorizo y otro de lomo embuchado de ese bueno que se había traído de España… y yo… lo complementé con dos pastelitos tesálonicos que estaban de vicio. Lo sorprendente fue que, a pesar de toda esta oferta culinaria, en el descanso del partido ¡sólo comimos nosotros! (al menos de alrededor nuestro nadie sacó “ni un bocaico”).
(¿Véis la diferencia entre una foto y otra? Podéis apreciar cómo me cambia la cara con un bocata...)
El partido como bien sabéis terminó con derrota para el Atleti, pero como también sabéis a mí lo que me gusta es la gente, qué hace, qué dice, etc. y eso fue precisamente a lo que me dediqué durante las más de dos horas que estuve allí. Bueno, a eso y a ver en la distancia los músculos de Forlán, para qué nos vamos a engañar…
En fin, el caso es que cuando fuimos a comprar la entrada nos dijo la chica que todo el campo era del Aris y que tuviésemos cuidado porque los aficionados de aquí eran un poco de aquella manera (esto es dicho con mis palabras). Mirad, a la entrada y en los alrededores del estadio había muchísima policía pero dentro no había ni uno, únicamente guardias de seguridad de esos que llevan el chalequito naranja, con lo cual, todo el mundo campaba a sus anchas. Después de haberle dado la vuelta a todo el estadio buscando la puerta 4 sin éxito decidimos entrar por otra en la que había bastante gente; no miraron la entrada, ni nos dijeron nada de la puerta y, lo mejor de todo, los asientos no estaban numerados. Así que cada cual se sentaba donde quería. La gente saltaba las vallas impunemente, otros se sentaban en ellas o en los bordes del estadio, las escaleras estaban ocupadas por gente, no había modo de salir de allí por ningún lado. Era una auténtica ratonera. Hubo momentos en los que incluso llegué a sentir algo de miedo. Cuando marcaron gol sacaron bengalas y las tiraron, se subieron todos como locos a las vallas que cercaban en terreno de juego. Cuando algún jugador rojiblanco cogía la pelota el ruido era ensordecedor (pitidos, gritos, “uuuuus” varios), al contrario, cuando tenían la pelota ellos el estadio permanecía en silencio. Pero lo que me puso los “pelos como escarpias” fue que todo el estadio estaba unido todos cantando juntos o, lo mejor, la grada de los más radicales coreaba una canción el resto del estadio le contestaba en una especie de rito en el que aplaudían. Increíble. La verdad es que yo pensaba que afición como la del Atleti había pocas en el mundo pero estos, sinceramente, la supera. Vaya gente más entregada. Esto no es que unos cuantos monten follón, no. Esto es que todos “la lían parda”. Claro, como podéis imaginar, salí con un dolor de cabeza parecía que me fuese a estallar. También influyó que mi vecino de al lado fue el que más gritó de todo el estadio. Yo creo que se pensaba que los jugadores le escuchaban. Aunque por otro lado, no era del todo improbable, pues el estadio era sumamente pequeño (el campo de fútbol parecía de juguete) y estaba en un estado algo cochambroso.
La verdad es que los canticos (a ver si os puedo poner un vídeo cuando llegue a Tesalónica, que la conexión del hotel de Creta es un poco lenta y esta semana estoy aqui!!) estaban chulos, aunque me habrían gustado más si entendiese lo que decían, pero sonaban bien.
Bueno, se me ha olvidado deciros que cuando terminó el partido parecía que hubiesen ganado algo importante: calles cortadas, petardos…
Besos para todos y gracias por seguidme,
Laura.
P.d. Ya sólo me falta contaros el fin de semana en Atenas con mis padres y esta semana en Creta (que, en contra de lo que pudiese parecer, está siendo de trabajo).
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